Cuando el silencio dispara
Lorenzo me recostó en un gran sofá que había dentro del hotel. Comenzó a hacer unas llamadas por el móvil mientras yo estaba en una especie de trance; no podía entender lo que estaba ocurriendo.
—Lorenzo, debemos volver, todos están ahí afuera —dije mientras tironeaba su camisa.
—No podemos, Leandro fue estricto con las indicaciones, debes quedarte aquí.
—¡Claro que no! Debemos salvar a Agnese y lo sabes, también debemos ayudar a Leandro y Matteo, no podemos dejarlos