Capítulo 976
Berta tenía mala cara, su corazón se aceleró de rabia. Iba a decir algo cuando Santiago, que se había adelantado, la contuvo.

Se quedó paralizada.

La ancha espalda de Santiago la bloqueaba, y no podía ver la sonrisa viciosa de Alita ni las caras malvadas de los macarras. Era como un muro que la aislaba de toda la fealdad del mundo.

A Berta se le encogió el corazón y una sonrisa imperceptible curvó la comisura de sus labios.

—Señorita Jiménez—La voz de Santiago era fría—. Dime tu plan.

—¿Te lo di
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