Berta se quedó helada.
Ella vio su mirada, profunda con un toque de risa irónica, con un aire de desdén por cualquier cosa.
Berta no sólo tenía seguridad en ese momento, sino un coraje total.
Era como si mientras él estuviera cerca, aunque hubiera un camino lleno de espinas por delante, ella pudiera seguir con él sin dudarlo.
—¡Santiago!—gritó histéricamente Alita—. ¿Crees que eres un héroe? Te atreves a ayudar a esta zorra contra mí, ¿nunca piensas en las consecuencias?
—¿Consecuencias? —Santia