—Uncle, Daniel, despierta, ¿de acuerdo? Cuando... Cuando despiertes, te pondré el anillo en el dedo, e iré donde tú vayas, y nunca más me separaré de ti.
A Daniel se le aceleró el corazón, y si no hubiera aprendido la gestión de la expresión facial y el control de las emociones, y hubiera sido él quien había ganado el trono de emperador de película unas cuantas veces, ¡habría saltado de la cama de alegría ante esta situación!
—Sé bueno y estarás mucho más cómodo cuando termine de frotarte el cue