Henry y Huntley llegaron al centro de detención y, a través de los barrotes y las ventanas de cristal templado, vieron la loca Hera.
Huntley frunció el ceño y preguntó en voz baja al celador: —¿Tiene un médico?
—Sí—El guardia respondió—. Le vinieron tres destacados psiquiatras, y todos creían que la Princesa padece trastornos mentales, con manifestaciones graves de trastorno bipolar, y...
—¿Y qué?
El carcelero dijo:— Y tras un juicio profesional, la Princesa tiene una personalidad sociópata.
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