Al instante, los ojos de Daniel se abrieron como campanas de bronce.
—Tú...
Desde niño todos le trataba bien, ¿y era la primera vez que uno le golpeó en la cabeza?
¡Impordonable!
Pero en cuanto se volvió y vio la cara sonriente de aquella niña, su corazón se derritió al instante como malaviscos bajo el sol.
—No esperaba que aunque eres una chica delgada, tienes muchas fuerzas—Daniel enganchó los labios.
Soledad levantó la barbilla y le lanzó una mirada de satisfacción.
Daniel se acercó, con su r