La cara de Daniel cambió de repente.
Justo en ese momento, se oyó un ligero ruido procedente del teléfono.
La llamada se colgó.
El estado de ánimo de Daniel, sin embargo, era como una montaña rusa, con subidas y bajadas, no se podía calmar.
—Soledad estará en peligro... ¡Estará en peligro! —Iba de un lado a otro furiosamente—. ¡Voy a sacarla de ahí!
—¡Cálmate! —Polo se levantó para detenerlo—. ¡Una llamada no significa nada!
—¡No lo sabes, Hera fue criada por la Reina! —Daniel estaba tan impacie