Lucía acababa de dar a luz y aún no tuvo leche, y su pecho estaba incómodo.
El médico le dijo que cogiera al bebé, que era instintivo que los niños tomaran leche, para que el bebé la succionara y ella no se sintiera mal.
Pero después de varios intentos, sigo sin poder succionarlo.
El recién nacido estaba demasiado débil y lloraba de hambre, y Lucía estaba ansiosa.
—O... —Polo se relamió su labios—. ¿Ayudo un poco a mi hijo?
—¿Qué? —Lucía se quedó helada.
No había nadie más en la habitación del h