Cuanto más escuchaba Lucía, más se preocupaba.
—Soledad, será mejor que envíe guardaespaldas tras de ti...
—¡No hace falta! —Soledad sonrió—. ¡Conozco bien ese barrio, y tengo libertad para mí sola, y además de coger mis cosas, quiero despedirme de la abuela Gitana y de los demás! No me siento cómoda con guardaespaldas siguiéndome!
—Entonces tú...
—¡Hasta luego hermana Lucía!
Antes de que Lucía pudiera terminar su frase, Soledad salió corriendo, sin olvidarse de devolverle la sonrisa: —¡No volv