Un ligero olor a alcohol se mezclaba con la elegante fragancia de su perfume, creando una especie de encanto singular. Parecía que había estado disfrutando de su bebida, sus hermosos ojos parpadeaban como gemas resplandecientes.
Juan no tenía mucho que decir, estaba a punto de dar la vuelta, cuando Catalina soltó un grito que casi lo mandó directo al inframundo:
"¡Chicas, rápido, vengan aquí! ¡El gran abogado Yáñez está aquí!"
Juan sintió un escalofrío en el corazón y quedó estupefacto al instan