Lucía García retiró bruscamente su mano, sus dos grandes y hermosos ojos lo miraban fijamente, encantadores y coquetos.
Polo Juárez quedó perplejo.
En ese momento, Lucía finalmente no pudo contener la risa.
Ella acarició suavemente el anillo de compromiso grande en su mano, apoyó su cabeza en su hombro y le susurró dulcemente. —No me gusta este anillo, prefiero la esmeralda.
—¿Sí? —Polo sonrió, —Está bien, al final todo es tuyo. Tú decides.
Después de todo, desde el momento en que se conocieron,