Cuando la gente estaba especulando, se oyeron los tacones altos acercándose.
Lucía García se sorprendió al ver a Serena Alonso caminando con altivez, los flecos de su chal ondeando al ritmo de su cuerpo. Ella llevaba la cabeza en alto, despreciando a todos con una expresión de desdén en su rostro.
Hasta que vio a Lucía.
Sus ojos se encontraron y se detuvieron por un momento. Una sonrisa burlona se formara en los labios.
—Ah, ¡es la señorita Alonso!— El subastador se acercó apresuradamente.
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