Aquella mañana, la reunión fue extremadamente angustiante.
Lucía sentía la mirada ambigua de Elián posada constantemente sobre ella, mientras que la mirada hostil de Talia se clavaba en ella como un cuchillo afilado.
Después de que la reunión terminó, antes de que Elián pudiera acercarse a hablarle, Lucía sonrió amablemente y rápidamente buscó una excusa para salir de la sala de reuniones.
Antes de irse, escuchó la voz enfadada de Talia desde adentro, llena de ira: "¿Qué te pasa? ¿No puedes apar