—Estoy... interrumpiendo? —Lucía frunció los labios y sonrió ligeramente.
Resultó que su propio marido era más atractivo de lo que ella pensaba.
Los rostros de los tres hombres eran más oscuros entre sí, especialmente el de Polo, que le miraba a ambos lados como si fuera un enemigo.
—¡Si ustedes dos quieren discutir, salgan y discutan! —Dejó escapar un gruñido bajo—. ¿No veis que mi mujer está aquí?
Los dos hombres se quedaron atónitos al mismo tiempo.
Con cara de vergüenza, Álvaro sonrió a Lucí