Se obligó a tragárselo y siguió vendiendo lástima a Lucía.
—Hermana, tú... Realmente no vas a perdonarme, ¿verdad?
—No eres bienvenido aquí —La mirada de Lucía era fría—. Por favor, váyanse.
—Lucí...
—¡Date prisa y vete! —Lucía apretó los puños y apretó los dientes, mirándola con odio.
Aunque Joana la había acosado desde niña, seguía teniendo miedo de Lucía cuando se enfadaba de verdad.
Además ahora Lucía estaba rodeado por un hombre que parece un demonio...
Joana se mordió el labio, ya que Lucí