Lucía se removió y se despertó lentamente. En cuanto abrió los ojos vio la figura del hombre en el balcón.
Un toque de timidez asomó a su bonito rostro, e incluso las puntas de sus orejas se tiñeron de rojo. Frunció los labios y dio una sonrisa, preguntándose de pronto. Aunque solía molestarla, era sensato, o al menos no como acababa de hacer.
Lucía se levantó suavemente e intentó abrazarlo por detrás.
Sin embargo, en cuanto sus pies tocaron el suelo, estuvo a punto de caer.
—¿Estás bien?
Jorge