El cambio no llegó como un vacío evidente ni como una fractura visible en la continuidad del entorno, llegó como una ausencia que no podía señalarse directamente, una sensación de que algo ya no estaba sin que pudiera definirse con precisión qué era, y en esa imposibilidad de nombrarlo había una certeza más inquietante que cualquier evidencia tangible, porque implicaba que el sistema no solo había descartado una configuración, sino también la capacidad de reconocerla como parte de lo que alguna