El aire del campus esa mañana estaba cargado de una tensión que no era inmediatamente perceptible, pero que se sentía en cada paso, en cada respiración y en cada pequeño gesto de los estudiantes. Los árboles movían sus ramas con una brisa irregular que parecía acompañar los cambios internos de los grupos, y las sombras que se alargaban sobre los senderos dibujaban patrones de inquietud que solo podían percibirse si se miraba con atención. Caminábamos juntos, Zoe y yo, conscientes de que el sist