La fisura que habíamos sostenido durante semanas dejó de ser un fenómeno discreto. No fue un estallido ni un acto dramático: fue un efecto acumulativo, como una presión que lentamente empieza a deformar una estructura rígida. Empecé a notar cómo las reuniones, los espacios públicos, los documentos oficiales y las conversaciones cotidianas se tensaban de manera distinta. Palabras que antes imponían obediencia ahora encontraban resistencia pasiva. Conceptos éticos cuidadosamente construidos se fi