El efecto de la fisura ya no podía ignorarse. Cada documento, reunión y conversación empezaba a verse alterado, aunque de manera sutil, casi invisible para quienes no estaban atentos. Lo que antes era obediencia automática se transformaba en duda silenciosa, en pausas estratégicas, en palabras que no terminaban de encajar. El sistema reaccionaba, pero sus respuestas eran siempre tardías, ajustadas a la forma sin tocar la sustancia. Empecé a notar miradas que buscaban medir la temperatura de la