EDMOND
Había algo diferente en el aire. Cocinaba muchísimo mejor, y prácticamente estaba retozando todo el camino hasta mi coche, ignorando que llegaba tarde y que mi asistente personal me había llamado un millón de veces. Sospeché que tenía algo que ver con la fiesta del proyecto que me había incitado a organizar.
Al sentarme en el asiento del conductor de mi Mercedes negro, no pude evitar sentir una gran emoción por el día que me esperaba. La sentía en los huesos. Hoy iba a ser perfecto y sin