MAYO
Edmond me condujo por la gran escalera hasta el elegante coche negro aparcado afuera. Sentí una sensación de alivio al llegar a la salida. Había sido una noche larga, llena de formalidades, sonrisas falsas y drama, y estaba deseando irme. Pero justo cuando estábamos a punto de subir al coche, me invadió el pánico. De repente, sentí las manos demasiado libres, y fue entonces cuando me di cuenta de que había olvidado mi bolso dentro de la casa.
Inconscientemente, aparté las manos de las de