MAYO
Abrí los ojos lentamente, sintiendo el calor del aliento de alguien sobre mí. Olía a menta. De esas que se usan para pasta de dientes. Cuando mi visión se aclaró, vi a Edmond inclinado sobre mí, con un destello de emoción en los ojos. Me tomó un momento recobrar el sentido e incorporarme.
“Está bien… ¿Qué pasa?”
—Buenos días, dormilón —saludó Edmond con una sonrisa pícara—. Tengo una sorpresa para ti.
Mi mente, aturdida por el sueño, intentó recuperar el conocimiento mientras preguntaba: "