Capítulo V

La chica se movió nerviosa dentro de la habitación, que se reducía cada vez más a medida que aquel hombre se acercaba a Montserrat. Cada vez que el venía a buscarla para descargar sus asquerosos deseo en ella, Montserrat parecía morir un poco. Pero su afán por sobrevivir la hacían quedarse quieta y responder como podía a las caricias de este.

- ¡Acércate! - pidió Marcelo con cierta mesura -¡No voy a hacerte daño, porque lo haría tu me gustas, y mucho! - ella se acercó

- ¡Ahora si nos entendem
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