En su cuarto Delfina no podía creer, era como vivir con el mismo demonio en su propio infierno. Como pudo hacerle eso Marcos, como pudo no escucharla, se miró en el espejo de su cómoda y vio dos lágrimas correr por sus mejillas. Estaba tan pero tan decepcionada de Marcos que apenas podía sostenerse en pie. Comenzó a sentir que el cuarto le daba vueltas, un malestar en el estómago y un zumbido en sus oídos le impedían seguir pensando correctamente, así que se recostó en la cama, pero aun así