Don Antonio hablaba con su hijo Marcelo
- ¡Debemos tener cuidado de que no aparezcan nuestros enemigos en la boda de tu hermana queriendo vengarse por alguna situación! -
- ¿Te parece padre? Respondió Marcelo un poco preocupado.
- ¡Nunca se sabe de dónde puede saltar la liebre, así que debemos tener nuestras espaldas cubiertas! -
- ¿Y cómo lo haremos para que nadie se dé cuenta de lo que está sucediendo? -
- ¡Lo estuve pensando! - dijo Antonio mientras se acariciaba la barbilla en señal de