Valentina fue despertada por la alarma, y al mirar el reloj, ya eran las ocho.
Recordando la cita que había pactado para hoy, se levantó de un salto.
Tomó su teléfono, que por alguna razón ya estaba completamente cargado en la mesita de noche, y llamó inmediatamente a Giselle:
—¿Ya llegó la persona de allá? ¿Dónde está el experto en autenticación que contactó Dante? ¿Y qué pasa con las joyas que se apresuraron a sacar?
—Jefa, por favor tranquila, todo está ya arreglado —respondió Giselle.
Esas j