Santiago echó un vistazo a Valentina.
Sus miradas se cruzaron, y de repente a Valentina le vinieron a la mente aquellas seductoras pijamas guardados en el armario, sintiendo un leve rubor en sus mejillas.
—¿Qué hace él aquí?
—Jefa, el tasador lo ha traído el señor, y también le ha entregado todas las joyas —susurró Giselle al oído de Valentina.
Valentina pensó: «Giselle no para de llamarlo «señor», como si él fuera el jefe. ¿Y por qué le daría las joyas? Según el plan, iba a haber un pequeño cao