—Hola, señorita Lancaster...
El recién llegado era Alonso. Vestido con un elegante traje negro hecho a mano, se acercó a Valentina con pasos ligeros.
—¿Así que... te vas?
Valentina, sorprendida en el acto, rápidamente mostró una sonrisa elegante y apropiada.
—No, no, solo estaba... buscando a Izan. Debe de haberse retrasado por algo.
Valentina improvisó una excusa.
Alonso, con una ceja arqueada, entendió pero no dijo nada.
—Ese día fue un apuro, y tu identidad como la señorita F se reveló, ¿no e