Valentina, siguiendo la vista de sus zapatos de cuero hacia arriba, divisó una máscara negra.
El reflejo ondulante del agua de la piscina se proyectaba sobre la máscara, haciéndole creer a Valentina que había visto un fantasma.
Valentina, conteniendo la respiración, pretendía indiferencia, esperando que el «fantasma» no la viera.
Pero en un instante, la máscara negra se agrandó ante sus ojos, y el «fantasma» se agachó hacia ella, extendiendo la mano...
Santiago intentaba sacarla de la piscina, a