—Le llevé a doña Aurora unas plantas muy valiosas. Me costaron bastante dinero, pero a doña Aurora le gustaron mucho y su opinión sobre mí mejoró —dijo Alba, con una sonrisa de satisfacción.
Justo en ese momento, desde la cocina, se escucharon voces:
—La señorita Moreno me preguntó quién era la invitada que don Santiago iba a traer hoy.
—¿Y le respondiste?
—¿Cómo iba a hacerlo? ¡Esto es la casa Mendoza! Además, doña Aurora me dio instrucciones claras y se trata de don Santiago. Ni aunque tuviera