Esa noche, en un bar de Guadalajara.
Diego estaba solo, bebiendo. Acababa de terminar una llamada telefónica y recibió noticias de que el padre de Guillermo estaba moviendo influencias para sacarlo de la cárcel.
Ante esta noticia, Diego se mantuvo firme: Guillermo no debía salir. Cuanto más intentaran sacarlo, peor sería para él.
Estaba tan concentrado en sus pensamientos que no notó las miradas admiradoras que recibía constantemente en el bar. Su aspecto, su porte y su presencia destacaban en e