Santiago hablaba con un tono lleno de sarcasmo.
Valentina podía sentir su ira y desesperación, pero no sabía cómo consolarlo. Solo pudo tomar su mano.
La suavidad y calidez de su toque parecían darle a Santiago un poco de consuelo.
Santiago la miró y, casi instintivamente, apretó su mano. En silencio, se repitió el juramento que ya había decidido.
Al hablar del pasado, Santiago desvió la mirada, pero esta vez, la calidez de la mano de Valentina suavizó su voz.
—Después de que Álvaro se cortó con