La presión en su cuello aumentaba cada vez más.
La mirada de Álvaro estaba llena de odio. Pero Valentina y él nunca habían tenido conflictos, ¿cómo podría haber odio entre ellos? La única explicación era que Álvaro la estaba confundiendo con alguien más.
—¡Álvaro, mírame bien, soy Valentina! —exclamó, con gran esfuerzo, mientras el agarre en su garganta hacía que hablar fuera extremadamente difícil.
Valentina…
Álvaro pareció detenerse por un momento.
Vio el rostro de Valentina, pero el dolor int