Alba extendió elegante su mano hacia Santiago.
Como una heredera adentrándose en el mundo del espectáculo, siempre había sido el centro de atención.
Incluso en un entorno extranjero, con su belleza como su mayor arma, lograba capturar todas las miradas dondequiera que fuera.
Su encanto era innegable.
Cualquiera que la viera no podía apartar la mirada.
Creía que Santiago no fue la excepción.
Alba estaba llena de confianza, pero pasó un tiempo y el hombre frente a ella aún no estrechaba su mano.
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