La secretaria se quedó pasmada por un momento, y desde el otro lado de la línea, la prisa del jefe volvió a resonar.
—Necesito la dirección, tienes un minuto para enviarla a mi celular.
Tras colgar, la secretaria, sin entender del todo la situación, no se atrevió a demorar la orden de su jefe.
Cuando la dirección llegó al móvil del magnate, ya había salido disparado del garaje directo al destino.
Mientras tanto, en varios otros puntos de Coralia, los coches de lujo se movilizaban casi al unísono