Santiago, con el ceño ligeramente fruncido, sacó su teléfono sin hacer ruido y le envió un mensaje a Thiago.
Thiago, al ver lo que Santiago le pedía, solo pudo formularse una pregunta:
—¿Qué interés podría tener en el dueño de una empresa tan insignificante?
A pesar de sus dudas, Thiago sabía que no podía ignorar las órdenes de Santiago y rápidamente comenzó a investigar, enviando a Santiago un informe sobre Rubén en menos de diez minutos.
Mientras tanto, las risas de Valentina y la pequeña segu