La melodía del piano se esparcía por el restaurante, creando una atmósfera maravillosa. Valentina se sentía cada vez más relajada y continuaba bombardeando a Alonso con preguntas. Él, por su parte, mostraba su elegancia y gentileza habitual.
En otro rincón aislado, el steak ordenado por Santiago ya estaba en la mesa, pero la presencia de su acompañante le hacía perder el apetito. Tal como Valentina había dicho, era repugnante.
Pensando en Valentina, la sonrisa de Santiago se suavizaba, y sus ojo