Aitana lucía el vestido blanco que había elegido finalmente, adornado con diamantes que brillaban intensamente, convirtiéndola sin duda en la estrella más resplandeciente de la noche.
Lucía observaba a Aitana con desdén en su mirada, y de pronto, se acercó con una copa de vino en mano.
—Aiti, felicidades, hoy te ves realmente hermosa. Es una lástima que tu hermano no pueda verte así.
Las palabras de Lucía tenían un doble sentido.
Aitana miró a su alrededor, sin encontrar a Alonso. Parecía que de