—¡Fuera!
Lucía tardó un momento en reaccionar. Alonso, tanto en su interior como en su apariencia, siempre había sido un caballero distinguido y educado, raramente hablaba de manera tan dura. ¿Realmente le había dicho que se fuera? Con los dientes apretados y el corazón lleno de renuencia, Lucía abandonó la oficina de Alonso. La puerta de la oficina se cerró, y solo entonces Alonso cerró lentamente los ojos.
Todos en la oficina pensaban que había estado presionando a los socios comerciales, pero