En el momento en que Diego formuló esa pregunta, pensó en otra persona. Al mismo tiempo, su mirada se cruzó con la de ella. ¡Lucía!
—Sí, esa persona está en Coralia. Por lo que vi en el correo, parece que tiene un gran interés en comprar. Lástima...
Lástima que tú, el presidente de Red Diamante, no estés dispuesto a vender.
Silvana aún no había terminado de hablar cuando Diego ya se dirigía hacia Lucía, que estaba entre la multitud no muy lejos de allí.
Hoy era el gran día de la familia Valenzue