La intención era clara: no quería ser molestada, lo mejor sería que se fuera. Santiago se detuvo abruptamente, su mano tembló levemente, sintiendo como si algo tirara de su corazón, un dolor incontenible. No quería irse, deseaba estar con ella, pero también temía que cualquier movimiento suyo la perturbara.
—Descansa, yo estaré justo en la puerta, duerme tranquila.
Dijo Santiago, respirando hondo y fijando su mirada en Valentina, quien yacía en la cama, sin querer apartar la vista. Después de un