Incluso ahora, Noah conservaba una tenue esperanza. Pero la realidad no dejaba espacio para ilusiones.
Santiago soltó una risa fría. Noah, con la cabeza cubierta, no podía ver la expresión de Don Mendoza, pero el silencio que siguió a esa risa helada elevó su terror al máximo.
De repente recordó: en los registros civiles, los detalles sobre la esposa de Valentina eran escasos.
¿Quién podría lograr que incluso los registros ocultaran información?
Probablemente solo Don Mendoza.
Al pensar en lo qu