La voz confirmó las sospechas de Valentina. ¡Era él! ¡Definitivamente era él, el hombre!
Ella se quedó asombrada y sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo. Instintivamente, quiso apartarlo empujándolo.
Sin embargo, Santiago parecía haber leído sus pensamientos y anticipó sus intenciones. Su gran mano presionó su cintura y la atrajo aún más hacia él, mientras decía:
—¡No te muevas! ¿O quieres que todo el mundo sepa que entraste en mi habitación para seducirme?
—¡No…!
Valentina quería contrad