Despues de esos emotivos abrazos, Doña Tilita, aceptando que su hija ya era mayor de edad y que debía tomar sus propias decisiones, solo la ayudó a terminar de empacar y a sacar sus cosas de su humilde hogar; dónde, entre vacas, cerdos, culebras y sapos, había aprendido a dar sus primeros pasos.
— Esto es difícil para mí, pero debo entender que cada persona debe hacer su propio camino mija, y lo único que me queda es desearte el bien y aconsejarte, pero está en tí, si me escuchas o no.— Su voz