98. La Boreal ya no se arrodilla
Stefanos
La sala se sumió en un silencio cargado de tensión, pero dentro de mí… el caos rugía.
Los ojos plateados de mi lobo encararon al consejero como si ya lo vieran muerto. Se atrevió. OSÓ. Entrar aquí. En la Boreal. En mi dominio. ¿Y decirme que yo no podía unirme a mi Luna?
Los dos lobos que lo acompañaban dieron un paso, como si intentaran contener mi aproximación. Mala idea.
Fui más rápido que el pensamiento.
La primera cabeza rodó antes de que se emitiera sonido alguno. La segunda apen