426. Que comience la guerra
Kiara
El silencio que siguió a esa frase fue más aterrador que cualquier gruñido.
Jason dio un paso al frente.
Los hombros rígidos. El pecho agitado. Los puños cerrados a los lados de su cuerpo. Pero no era solo odio lo que sentía de él… era dolor. Un dolor antiguo, que había crecido junto a él.
Ahí fue cuando todo encajó. La llamada antes del ataque. La voz que me erizó la piel.
Mis ojos se abrieron de par en par.
"Fuiste tú", murmuré, casi sin aliento. "Tú me llamaste… antes de que saliéramos