394. Primera impresión
Jason
Cuando ella apareció en lo alto de la escalera, fue como si todo el salón hubiera desaparecido.
La música. Las conversaciones. Las docenas de pares de ojos curiosos.
Nada más importó.
Ella estaba magnífica.
El vestido abrazaba cada curva, el escote expuesto en la medida exacta para volverme loco. La tela fluía como agua negra, reluciendo bajo las luces, y su cabello caía en ondas sueltas que yo quería enredar en mis dedos.
Mi lobo infló el pecho, gruñendo de satisfacción. Todo mi cuerpo se puso en alerta, como si estuviera cazando. Pero no era caza.
Era mi compañera.
Y Diosa... nunca me había sentido tan orgulloso y cabreado al mismo tiempo.
Porque no era solo para mí.
Ella bajaba las escaleras y todos la miraban. Todos la querrían.
Mi lobo lo sabía. Y lo odiaba.
Sentí que mi mano temblaba cuando me acomodé la corbata. Quería agarrarla en medio de la escalera. Arrastrarla fuera de esa mansión. Al bosque, al coche, a cualquier lugar donde no hubiera nadie más.
Y lo haría.
Si ella