279. El chisme de la semana
Kiara
Todavía llevaba el olor a pecado. Y lo peor... era que él tenía su perfume.
Me duché. Usé un champú con olor a nube y una loción con esencia de "no estoy enamorada, lo juro". Pero no sirvió de nada. Jason Wilker estaba impregnado en mí. En el perfume, en la memoria, en el alma.
Miré mi reflejo en el espejo por tercera vez esa mañana. El cabello estaba casi decente, el uniforme impecable, y aun así... todo parecía pecado. Como si cada pliegue de mi ropa gritara: "ella se subió a una moto y