200. Llegada triunfal
Stefanos
El silencio en esa manada no era normal.
Era el tipo de silencio que viene antes de la guerra.
O después de la traición.
Desde lo alto de la colina, observé los tejados alineados de la ciudad del Supremo, los postes de luz apagados, las calles demasiado vacías. Ni un alma se atrevía a caminar por allí.
"Tienen miedo", murmuré, casi sonriendo. "Como deberían."
Detrás de mí, mi pelotón se posicionaba. Lobos entrenados. Implacables. Leales. Y sobre todo, letales.
La voz de Rylan sonó por